Esa horrible sensación…

Llega el fin de semana y con él la cosa de darle vueltas a la cabeza. De verdad que lo odio. Odio hacerme esto a mí misma. Pero no puedo evitarlo.

Cuando sientes que una persona que te importa muchísimo te rehúye, es una sensación extraña, desagradable, dolorosa. Ni lo dices, porque serían todo paranoias tuyas. Como siempre. Pero no eres tonta. Sabes el por que y ves el como. Pero te encoges de hombros y piensas que qué le vas a hacer.

Sí, te comes el tarro. Le das vueltas. No lo entiendes. No duermes. No es tan malo que seas sincera, creo yo. Aunque depende con quien y lo que digas, claro. Cuando la sinceridad es algo que la otra persona no quiere oír (y no me refiero a que sea nada ofensivo) por lo visto lo mejor es callarse para que no te rehúyan, se piensen detenidamente lo que te dicen, etc etc

Pues jode, le das vueltas a la cabeza y jode. ¿Qué he hecho yo de malo? No sé, que si existe el karma debo ser muy mala sin enterarme. ¡Karma, demonios, que no es adrede! Yo no hago daño conscientemente. Tampoco es plan de castigarme así.

En fin, que la gente dice que ya llegarán tiempos mejores. Y una mierda.

Y a todo esto, siguen sin llamarme para darme vez en el hospital y mirar ese maldito bultito (vamos a llamarlo bultito porque me tranquiliza llamarlo así más que llamarlo por nombres técnicos)

Buffffff

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