¿Truco o trato?

Ya sé que este blog suele ser más insustancial y no pretendía tocar temas serios, sino de evasión, pero hoy simplemente tenía que hacerlo.

Todavía estoy alucinando de que la víspera de Todos los Santos viniesen a mi casa unos niños al grito de “truco o trato” disfrazados para pedir chuches. Vamos a ver, this is Spain, ¿qué hacen unos críos solos a las 10 de la noche en un edificio de vecinos tocando las puertas pidiendo chuches? Me quedo con la reacción impagable de mi abuela (“truco o trato” “Qué” “Que queremos chuches” “Pues id a la tienda y compradlas” “Abuela, que es Halloween” “¿Qué? ¿Qué dices? A ver, ¿vuestros padres donde están?) Y es verdad, que es peligroso, leñe, que no sabes con quien te encuentras, y son críos. Críos solos. Que alucinamos con lo del Madrid Arena, pero comparado con lo que puede pasar con críos solos metiéndose en edificios sin padres a la vista (tras el interrogatorio de mi abuela a los tres críos, descubrimos que vivían en la otra punta del pueblo, a más de media hora andando, sus padres estaban en casa y no les tuve que llevar en coche de milagro; menos mal que al final sacaron trato porque mi abuela les dio la pasta para volver a casa en bus) en los que les puede salir cualquiera. Y no me refiero sólo a cosas extremas, que también podrían pasar, sino simplemente a alguien que considere que Halloween le es ajeno y se cabree ante el truco y les meta dos hostias. Que un clásico es tirar huevos a la puerta. Es más, aunque no sea políticamente correcto, me lo hacen a mí, que ni entiendo ni comparto Halloween, y jamás pegaría a un niño, pero me cojo el coche, les llevo donde los padres y a ellos sí que se las meto, por descerebrados

Respecto al Madrid Arena, sacando el tema… Lo siento mucho por las chicas, de verdad, no me puedo imaginar una manera más horrible de morir. Y los padres, en casa, tan tranquilos como los míos cuando me iba de concierto, pensando que las cosas funcionan. Y así debería de ser, que los padres pudiesen dormir tranquilos porque las cosas funcionan. Pues no, señores, no funcionan. No voy a descubrir la pólvora a nadie que suela frecuentar estos sitios, pero vamos a hablar claro. El año pasado fui a dos conciertos multitudinarios (conciertos, que no macrofiestas, que son más tranquilos) con un escaso mes de diferencia. El primero en el O2 en Londres, el segundo en el Palacio de Deportes de Madrid. Los dos grupos de “primera fila” y entradas agotadas. Hasta ahí la similitud. En Londres pasé 2 controles de seguridad antes de acceder a pista. Abrí el bolso y me lo inspeccionaron con una linterna. La entrada la pasaron por una máquina para evitar falsificaciones. No me pasaron infrarrojos por el DNI porque era un DNI español y supongo que no tendrían ni idea de como van los infrarrojos en lo nuestro igual que yo no sé como van en el suyo (aunque se parece mucho al nuestro, pero allí no es obligatorio) pero el DNI, de todos modos, me lo miraron despacito y bien, girando para comprobar que el nombre del país cambiaba de color, cosa que aquí casi nadie hace. De todos modos, ya se sabe que allí te puedes identificar con el carnet de la piscina, así que que no comprueben falsedad documental tiene su lógica (aunque algún día ya hablaremos de diferencias de mentalidad respecto a considerar un delito “trastada” o delito) Los que entraban llegaban escalonadamente, hasta unas tres horas antes del concierto no había prácticamente nadie en la cola. Personal de seguridad en el foso a tutiplén dando botellas de agua para evitar deshidrataciones y/o golpes de calor e incluso pasando bolsos al foso para evitar problemas. En momentos puntuales hubo empujones, masificación… PERO estábamos en primera fila. Y todos sabemos a lo que te arriesgas en primera fila, que no somos tontos. Gente que estuvo atrás afirma que estaban hasta anchos, y los de las gradas ni te digo. A la salida, entradas de emergencia abiertas, personal dirigiendo a la gente para evitar masificaciones en una salida puntual y desalojando escalonadamente para evitar problemas, entrando al baño e indicando que en 15 minutos se cerraba el recinto y por favor saliésemos, etc. La historia fue otra en el Palacio de Deportes y gran parte POR CULPA NUESTRA. En vez de llegar escalonadamente al concierto, todo el mundo quería la primera fila, lo que significa que a las 7 de la mañana estábamos en la cola y ya teníamos gente por delante. Cuando iban a abrir las puertas, todo el mundo se agolpó y empezaron no empujones, pero sí un ligero aplastamiento. El DNI lo llevaba en la mano, lo dí yo (no sé si lo pedían, en mi grupo llevábamos sólo un menor con DNI y autorización paterna firmada ante la policía y acompañada de su hermana (la organización nos había confirmado que lo admitían) así que todos lo enseñamos con la entrada sin necesidad de que nos lo pidiesen para ahorrar tiempo), y me lo miraron por encima. Que sí, que tenía 30, que no aparento 16, pero me da igual, debería ser rutina. El aforo era el correcto, pero vamos, que por investigar las entradas no era; claro que una cosa es un concierto y otra una macrofiesta, en un concierto las entradas suelen ser más complicadas de falsificar, a los grupos por reputación no les interesa tener problemas de aforo y están de gira, no es un evento único. El bolso lo abrí, pero llevaba una chaqueta encima que tapaba casi todo (reconozco que adrede, aunque el objeto peligroso que pretendía ocultar era una cámara de fotos semiprofesional) y simplemente lo palparon, vamos, que si meto un cuchillo bien envuelto, lo cuelo. Todo el mundo corría hacia la primera fila (en Londres nos amonestaban si lo hacíamos, aclarando que o parabas o te expulsaban del recinto) empujando para llegar antes. Llegué a la primera fila de la mano de una chica que venía conmigo que tropezó por las escaleras. Es rápida de reflejos y tiene una edad, pero en otro caso, o un poco después cuando llegó todo el mogollón, se podía haber liado parda. No puedo decir nada de las salidas de seguridad, gracias a Dios no hubo que comprobarlas y confío en que estaban bien, pero sí que he estado en otras salas de Madrid y Barcelona (incluso discotecas donde ese día no había más evento que ser fin de semana) donde se condenan para que nadie se cuele de gratis. Estábamos en primera y segunda fila lateral, estuvimos bien, pocos empujones, pero primera fila centro era harina de otro costal. De hecho, fuimos al lateral porque en otro concierto que no estuve del mismo grupo en Vistalegre mis acompañantes habían estado en primera fila centro y se tuvieron que salir porque aquello, en palabras literales “era un infierno”. A la salida, organización cero. Cada cual hacía lo que le salía de las narices. Salimos por donde entramos, sin problemas, pero nadie dirigió nada. Y yo fume dentro. Culpa mía, lo sé. Yo soy la mala, no voy a echar la culpa a la seguridad, aunque reconozco que si no hay más gente fumando no tengo huevos. Pero la culpa de eso es mía. Por supuesto, lo hice acabado el concierto y cuando ya no veía peligro en molestar a nadie. Pero la responsable fui yo. Igual que de los empujones los responsables fuimos todos los que nos empujamos. Que sí, que no estaremos a la cabeza de la organización de eventos de Europa. Pero también hay que tener en cuenta lo exaltados que somos. ¿Que hay países peores? Vale, el Carnaval de Salvador de Bahia en el bloco de Chiclete com Banana no se lo deseo ni a Rajoy. Ni a mis peores enemigos. Y eso que ese bloco sólo lo he visto desde fuera (con los precios que tiene, a ver quien es el guapo que paga eso por estar constantemente apachurrado y en algunas calles temer por tu vida) Y lo peor es que nos parece normal. Que sales del concierto diciendo que ha estado tranquilo, que ha habido poca aglomeración a la entrada y no muchos empujones adelante. Que has planeado antes de entrar la estrategia para llegar lo más adelante posible y evitar verte metido en una aglomeración a empujones. Es la triste realidad, que nos lo vemos venir. Claro, por eso algunos cuando les dices de ir a conciertos, te dicen que con 31 años tú estás muy juvenil, que ellos a pista ni locos.

¿Lo de la seguridad se puede arreglar? Obviamente. Pero también obviamente que nadie se eche las manos a la cabeza cuando las entradas pasen de 30 a 50 euros. Por otro lado, viene a ser lo que cobran eventos mejor organizados que el chiringo que montó la promotora del Madrid Arena. La seguridad se paga. Y ahora, nos guste o no, no andamos para subvencionar estas cosas cuando hay prioridades más urgentes. ¿Que entonces habrá gente que en vez de ir a ver a Aoki tendrá que ir a ver al Dj del barrio? También. Pero hay que mentalizarse que hay Djs del barrio tan buenos como Aoki y que si tú llevas espíritu de fiesta, probablemente lo pases bien y que te quiten lo bailao. En ese famoso concierto del Palacio de Deportes yo lo pasé mejor de cachondeo haciendo cola que en el concierto en sí. Y cuando se recupere la economía del país y se mejore la situación de tantas familias en el umbral de la pobreza, habrá dinero para subvenciones y que vengan grandes grupos a menor precio y la cultura sea más accesible. La cultura es muy necesaria, pero comer es imprescindible y la cosa está como está, desgraciadamente.

¿Nuestra mentalidad typical spanish de liarla parda y querer ser los primeros en todo se puede cambiar? Sin tomar medidas quasifascistas, no. No somos alemanes ni flemáticos británicos (cuando están sobrios), es así y hay que aceptarlo. Y de cara a tomar medidas de seguridad, habrá que tenerlo en cuenta, los nervios, la impulsividad y el carácter español. Y con eso no eliminaremos accidentes así de trágicos, pero los paliaremos

Que nadie deduzca que culpo a los asistentes de la fiesta (menos al memo que tiró la bengala) porque yo, con su edad y si me gustase el macrofestival, hubiese hecho lo mismo. Y me hubiese flipado el mogollón de gente y si hubiese querido salir, ante el pánico de verme atrapada, por instinto también hubiese empujado. Y me parece trágico y lamentable que unas chicas que sólo querían divertirse un poco, sin hacer mal a nadie, hayan visto truncadas sus vidas de esa manera. Y más sabiendo como todos sabemos que en este país la culpa la tiene siempre el maestro armero y nadie va a pagar por ello.

¿Truco o trato? Trato para la productora que abarató los costes y no tuvo en cuenta medidas de seguridad. Trato para el ayuntamiento de Madrid, que cobra el alquiler y se lava las manos. Trato para la comunidad de Madrid, en la que he vivido que aprovechen estas colas de antes de los conciertos pa mandar a unos desgraciaos, que no se les puede llamar otra cosa, a buscar gente que trabaje gratis de voluntarios en piscinas municipales eliminando puestos de trabajo con frases como “Pues si estás en el paro, mejor; tienes tiempo para ser voluntario y no tienes otra cosa que hacer”(sic) cuando lo mejor que podían hacer era mandar inspectores de seguridad en vez de payasos (no va en sentido despectivo, eran actores cómicos, se supone) a echar un ojo a aquella cola, en pleno invierno, con gente medio congelada, y planificar un poquitito más la entrada; que no todo es la eficacia excepcional del SAMUR, a veces es preferible prevenir y que no haga falta que nos lleguen a demostrar los grandes profesionales que son. Trato para todos los que se lucran con esto. Y truco para los jóvenes, las víctimas de nuestra desorganización, de ser un país de pandereta. Truco porque encima hemos tenido que leer que les culpabilicen por divertirse cuando ni estudian ni trabajan, cosa que supongo que el que lo ha escrito comprobó preguntando uno a uno a la salida, amén de que, como todos sabemos, en este país el trabajo lo regalan y la gente debe estar en paro porque quiere. Truco para los menores a los que ahora criminalizan por querer ir a una discoteca cuando al 80% nuestros padres nos han llevado con ellos de vinos de pequeños, hemos vivido desde niños la cultura de que la diversión estaba en la noche y la mayoría, si bien no hasta tan tarde (aunque también se salía más pronto), nos hemos colado en discotecas y hemos bebido siendo menores.

Trato para los que se lucran siempre, truco para el ciudadano.

Dejamos a los críos solos de casa en casa pidiendo chuches con diez años y nos echamos las manos a la cabeza si con 17 se cuelan en una discoteca, poco antes y con la misma madurez que el día que cumplan los 18 y sean mayores de edad. ¿Qué clase de hipocresía es ésta? ¿Qué sociedad vamos a construír con este doble rasero? ¿Nos hemos vuelto todos locos?

Y luego vendrán los listos de turno diciendo que se arregla eliminando Halloween. Como el señor Bush, que dijo que para acabar con el problema del Amazonas lo mejor era talarlo. Pues no. Se arregla tomando todos nuestra cuota de responsabidad, dejando de cargar las culpas a otro y haciendo cada cual nuestra parte, del primero al último. Y, sobre todo, los que viváis estas situaciones, DENUNCIAD, acumulad pruebas, exigid vuestros derechos. ¿Que nos joderán las consecuencias de tener medidas de seguridad reforzadas? Sí. Como en los aeropuertos. Y acabaremos tragando, porque en el fondo saldremos beneficiados.

No quiero cerrar esta humilde reflexión desde mi esquinita sin acordarme de 5 chicas que tenían ilusiones y sueños. No he querido leer sus nombres ni saber más de ellas porque después de leer en El País las biografías de las víctimas del 11-M tuve pesadillas con esas personas durante meses, pero he visto la foto de las 3 fallecidas. Tres chicas preciosas, recién empezada su juventud, que tenían mucho, mucho, por aportar a la sociedad que vivimos, mismamente una sonrisa con la que alegrar el día a alguien. Cinco chicas que eran parte del futuro de todos. Cinco familias y un montón de amigos para los que la vida nunca será igual porque un día las cinco salieron a divertirse. No es justo. Dirán que todo tiene una razón de ser, pero esto no la tiene. Mi más sentido pésame a todos los allegados y ahora más que nunca querría tener fe en que están en un sitio mejor. Ojalá. Un sitio donde la gente no es avara ni estúpida ni piensa en lo que, si se confirma que se duplicó el aforo, en mis tiempos no llamábamos imprudencia sino dolo eventual porque un accidente en un recinto cerrado y masificado es más posible que probable; y ojalá puedan salir a divertirse eternamente sin miedo a si llegarán o no a casa y como. Un mundo donde puedan tener la fiesta en paz.

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