Gastar el dinero a lo idiota

Tengo un pedido de modcloth a punto de llegar. En ocasiones normales estaría nerviosa ante la perspectiva de ropa nueva y vigilando el correo. Ahora estoy con ganas de quemar el paquete según llegue.

Uno de los problemas que creí que teníamos Óscar y yo, analizándolo en retrospectiva, era que con él me sentía inmensamente cómoda. Supongo que eso lleva a meteduras de pata tan garrafales como a salir con él en vaqueros y sin maquillar, con zapato plano, y pasar de dormir con el conjunto sexy de turno de Ann Summers a dormir totalmente desnuda cuando el plan es dormir. Y menos mal que no soy una chica de pijamas de franela.

Ya, ya lo sé, Las Reglas, hay que ir a la última y arreglada hasta que no llevas por lo menos un año. Yo perdí toda el aura del glamour pronto. Y fui tan idiota de creer que podía arreglarlo. Así que dispuesta a una nueva oportunidad, me preparé unas nuevas armas de mujer. Un vestido en tonos verdes hiperfemenino (no soy del tipo de chica dulce y femenina y se supone que es lo que ellos buscan), unos zapatos marrones con poco tacón (soy de taconazos, pero a él le gustan más los zapatos más bajos), unas medias de crochet blanco, un pañuelo para el pelo con fresas (concesión a mí misma, sin el pañuelo en el pelo me sentiría demasiado arreglada), unos guantes verdes de Barrio Sésamo para dar un toque informal et voilá. Ya sólo faltaba mi pelliza, que estamos en invierno y ya tenía el modelo para la cita perfecta.

Superada la parte uno y en dudas con la parte dos (pienso aclararme mi tinte pelirrojo y hacerme las cejas, pero, ¿llevar la barra roja de Nars con la que siempre me ha visto guapa y por eso la compré o arriesgar con esa otra barra tan bonita que hace tanto que quiero comprar y aprovechar para que la chica de El Corte Inglés me maquille un poco y me enseñe otro producto fabuloso sin el que no podré vivir, como la sombra negroazulada que me recomendó o el colorete perfecto que escogió ella y transforma radicalmente mi cara?), quedaba lo más jodido: conseguir una oportunidad para demostrarle que las cosas se podían arreglar. Una cita.

Bien, pues discutimos sin parar. Ya sabéis, las consabidas excusas, no eres tú soy yo, me volvería a equivocar, lo hago por ti, blá blá blá

¿Sabéis los presentimientos? ¿Estar segura de una cosa? Vale, pues creo que mi maravilloso ex ya me ha encontrado sustituta. Aparte de un vacío en el estómago, me siento ridícula. Debería odiarlos, estar rabiosa, tener instintos asesinos pero… Nada. Sólo me siento una mierda. Había oído (y practicado) el one night stand pero no me imaginaba que yo iba a llegar a ser un several months stand. Es más, no sabía ni que existía el concepto.

Nada, pues tengo un vestido verde fantástico, demasiado dulce y femenino para mí, que no me pega nada. Unos zapatos que no sé si me llegaré a poner, los tacones bajos suelen hacerme daño y me siento rara con ellos. Unos guantes divertidos pero inapropiados para el curro. Al menos el pañuelo es bonito y las medias útiles, tengo más vestidos que pantalones.

En resumen, que le ofrecería a la afortunada el modelito, pero me encantaría que no le cupiese ni fuese su estilo. La verdad, me encantaría que fuese gorda, ordinaria y que llevase bragas del Primark. Que fuese ese tipo de chica que cuando la ves y les dices a tus amigas que te han cambiado por eso, el comentario que hacen es “Pues tiene que ser la tía más maja del mundo, porque si no…” Ese tipo de tía que ni criticas porque bastante tiene la pobre con ser así.

Puede ser cruel, pero todos podemos soñar, ¿no?

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